A punta de epístola

La lectura del documento que tenía frente a mí se volvió un ejercicio en incredulidad.
Como diseñador gráfico, en más de una ocasión he tenido que enfrentarme al problema de presentar la información dirigida al target o clientes potenciales de una manera que facilite la lectura… o la dificulte. Depende del caso. El día de ayer tenía que presentar una propuesta para varios certificados de regalo para captar clientes nuevos, y entre la información de estos documentos tenía que agregar los “legales” o textos con los términos y condiciones del contrato. Conforme iba acomodando el texto, dándole el peso tipográfico necesario y justificando los párrafos leí la sección correspondiente a los impedimentos mediante los cuales la empresa se liberaba de toda responsabilidad ante situaciones de “fuerza mayor”
Grande fue mi sorpresa cuando en esa sección leí algo que no transcribo textual, pero que rezaba algo así: La empresa no se hace responsable del incumplimiento de los términos de este contrato en caso de fuerza mayor, tales como pero no limitados a: Actos de Dios: huracanes, tormentas eléctricas, terremotos, incendios forestales, inundaciones, deslaves, tifones, tornados, caída de meteoritos, pillaje, piratería, asesinatos, rebelión, revolución y un largo etcétera.
Quizás sea un agregado normal en todo documento legal, mi experiencia en ese rubro es muy limitada. Pero me pareció bastante absurdo incluir en un texto legal la palabra DIOS, así como los actos que tanto se le adjudican tan libremente.
Ya de entrada en el cuestionario que me dieron cuando me presente por la plaza venía una sección dedicada a la religión, donde se me preguntaba de manera directa si creía en dios. Cuál era mi religión o si estaba circunciso. (Esto último es de coña, pero poco les faltó) Esa parte la dejé en blanco, pues no me atreví a responder honestamente declarando mi ateísmo. Y es que, desgraciadamente aun hay sitios donde al ateo se le estigmatiza y se le persigue. Bastas son las propagandas donde se combate la discriminación, pero esta está dirigida a la discriminación por género, raza, educación u orientación sexual. Aun estoy por ver que se incluya la persecución a ciertas minorías como los ateos. Aunque la situación no es tan grave aun aquí en México como en otros lugares (como nuestros vecinos del norte) ciertamente existen numerosos lugares llenos de personas que enardecidas por el contacto con un ateo nauseabundo se dirigen a demostrarle el amor a dios, a punta de golpes. Decía Octavio Paz: “Todo mexicano, por ateo que sea, es guadalupano” Resiento esa frase, pues nunca he sido proclive a identificarme con un ícono determinado. La frase (para ser honestos no estoy seguro si realmente la dijo el Sr. Paz o no), tiene más que connotación religiosa, y sé que está más dirigida ante una identidad que una pertenencia ideológica. Pero, en lo particular no me siento ni guadalupano ni nada por el estilo. La virgen de Guadalupe (o Coatlaxopeuh) no es más que otro mecanismo de dominación ideológica, eso todos lo sabemos 😉
Cuando se le da tanta importancia a dios, o se le adjudican actos que nada tienen que ver con la existencia de una entidad fantástica no sé si pensar en un comodín ante el cual se puede justificar la incompetencia o si solo se está jugando con la retórica para eliminar de paso cualquier problema legal. “Lo sentimos señor, pero su estadía en tal o cual hotel ha sido pospuesta, pues dios amaneció indispuesto y el volcán cercano entró en erupción. Por supuesto tiene el derecho de sentirse enojado, pero vaya y quéjese con dios, no con nosotros”
En una ocasión posterior se me preguntó cuál era mi filiación ideológica y respondí cautelosamente que mi ideología era asunto privado y que no me gustaba hablar de ello sin justificación. En ese momento se me dijo que la justificación era patente ante la pregunta directa así que respondí con un nudo en la garganta que era ateo (ya me sentía engrosando las filas de los desempleados). La persona se me quedó mirando fijamente, se dio la media vuelta y salió.
Desde ese entonces, ha encontrado todo momento como útil para tratar de volverme al buen camino. Me ha invitado a sermones disfrazados de pláticas motivacionales, me ha intentado colar cuanta festividad religiosa se atraviesa en nuestro camino, y hasta me ha dicho que no tenía derecho a vacacionar en semana santa, pues era ateo y no tenía que rendir culto a la pasión de su ícono jesustificado. “Lo sé, no soy creyente, pero mi familia si lo es, y desea pasar su tiempo conmigo. Por supuesto, si insiste trabajaré esos días, pero según la ley del trabajo estoy en posición de pedir triple mi salario esos días” Poco después me veo en la playa o en el campo con mi familia y todos contentos.
Mis compañeros, indolentes como son, se limitan a hacer bromas benignas algunas, otros, medio maliciosas sobre mi falta de religiosidad. Uno de ellos ayer mismo me comentaba que me iría al infierno. Cuando le cuestioné por la razón que había decidido que iría a tal lugar, me dijo que por ateo, a lo cual le inquirí por la razón que un dios benevolente mandaría a un sitio así a una persona más por su filiación ideológica que por sus actos y respondió que no sabía, pero que ahí iría de todas maneras. Le respondí que me parecía divertida la idea de un dios omnipotente con un complejo de inferioridad tan grande también, que exigía ser adorado por toda la eternidad. Se quedó callado. Después me dijo: “Bueno, yo también no voy a la iglesia, y a veces estoy en contra de ella ante lo cual le espeté: tu no eres ateo por eso, tan solo antirreligioso. Hay una gran diferencia entre uno y otro, pues uno retrata la duda honesta, el otro solo rebeldía ante la autoridad. Continuó callado.
Por hoy ha sido todo. Tengo que salir un momento, está lloviendo fuego del cielo. Quizás una flatulencia proferida por el santo ano

~ por mytho en noviembre 22, 2008.

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